El precio de un tinto: microeconomía en una taza
Un tinto en la calle parece la transacción más simple del mundo: pagas, te lo sirven, te vas. Pero esa taza pequeña es el final de una cadena larga en la que intervienen campesinos, comerciantes, bolsas internacionales y, al final, una vendedora con un termo.
Del cafetal a la bolsa
El precio internacional del café arábigo se forma en buena parte en el mercado de futuros de Nueva York. Allí se negocian contratos que dependen de cosechas, clima y expectativas. Si una helada afecta los cafetales de otro país productor, el precio sube en todo el mundo, incluido el que recibe un caficultor colombiano.
A eso se suma la tasa de cambio: como el café se vende en dólares, cuando el peso se devalúa, el caficultor recibe más pesos por la misma carga.
De la bolsa al termo
La vendedora de tintos no compra en Nueva York, pero sufre (o disfruta) sus efectos. Su precio debe cubrir:
| Costo | Qué incluye |
|---|---|
| Insumos | Café, azúcar, vasos, agua |
| Energía | Gas o electricidad para preparar |
| Trabajo | Sus horas, que también valen |
| Riesgo | Los días de lluvia en que vende poco |
Cuando sube cualquiera de esos costos, subir el precio del tinto es arriesgado: si cobra de más, el cliente camina a la esquina siguiente. Eso es lo que los economistas llaman competencia, y explica por qué el tinto sube despacio aunque el café suba rápido.
La próxima vez que pagues un tinto, piensa que en esa moneda viaja, muy resumida, la economía del mundo.