Por qué votamos como votamos
Pregúntale a cualquiera por qué votó por su candidato y te dará razones: la economía, la seguridad, la corrupción. Pregúntale qué propone exactamente el candidato en esos temas y la conversación se pone más difícil. No es ignorancia. Es la forma en que funciona la mente.
Primero el elefante, después el jinete
El psicólogo Jonathan Haidt usa una imagen útil: la mente es un jinete montado sobre un elefante. El elefante son las intuiciones y emociones, rápidas y poderosas. El jinete es el razonamiento, que muchas veces no conduce sino que justifica hacia dónde ya va el elefante.
Daniel Kahneman describió algo parecido con dos sistemas: uno rápido, automático, y otro lento, que requiere esfuerzo. En política el sistema rápido trabaja horas extra: reconoce caras, tonos y símbolos de “los nuestros” mucho antes de evaluar argumentos.
Entonces, ¿no hay nada que hacer?
Sí lo hay, pero exige humildad:
- Sospechar de la propia certeza. Si un tema te parece obvio, pregúntate por qué otros piensan distinto.
- Leer la propuesta, no el titular. Las campañas viven del sistema rápido.
- Conversar con alguien que no vota como tú, con el objetivo de entender y no de ganar.
Nadie cambia de opinión porque le digan que es tonto. A veces cambia porque alguien lo escuchó.
Votar es un acto racional y emocional a la vez. Reconocerlo no le quita valor; nos ayuda a hacerlo con un poco más de cuidado.
Fuentes
- Pensar rápido, pensar despacio. Daniel Kahneman, Debate.
- La mente de los justos. Jonathan Haidt, Deusto.