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Tres Gatos
Fogata encendida de noche entre pinos, bajo la luna

Salsa caleña: un patrimonio que se aprende con los pies

1 min de lectura

Hay ciudades que guardan su historia en edificios. Cali la guarda en las rodillas, en los tobillos y en esa manera de marcar el paso que se reconoce a una cuadra de distancia. La salsa caleña no nació en una academia: nació en los patios, en los andenes y en las fiestas de barrio, cuando los discos que llegaban del Caribe se ponían a girar más rápido de lo que dictaba la etiqueta.

Un saber que pasa de cuerpo a cuerpo

Lo interesante del baile es que no se puede aprender leyendo. Se aprende mirando a la tía que baila en la sala, imitando al primo que ya va a la escuela y equivocándose muchas veces delante de los demás. Eso lo convierte en un patrimonio vivo: existe mientras alguien lo practique y lo enseñe.

Siluetas de casas de un pueblo al atardecer
Los barrios son la primera escuela: allí se baila antes de saber que eso tiene nombre.

Las escuelas de salsa, muchas de ellas fundadas por bailarines que empezaron en esos mismos barrios, han convertido la práctica en oficio. Hoy son espacios donde niñas, niños y jóvenes encuentran disciplina, viajes y un lugar en el mundo.

Un monumento se restaura con cemento. Un baile se restaura con gente que lo quiera bailar.

Lo que está en juego

Cuando hablamos de cultura solemos pensar en museos. Pero la pregunta de fondo es otra: ¿quién sostiene los saberes que no están en una vitrina? Si las escuelas cierran por falta de recursos o los barrios pierden sus espacios de encuentro, el baile no desaparece de un día para otro, pero se adelgaza.

Por eso vale la pena mirar la salsa con la seriedad con que miramos otras tradiciones: con apoyo a quienes enseñan, con espacios públicos para practicar y con memoria de dónde viene cada paso.

Fuentes

  1. Portal de la Alcaldía de Santiago de Cali. Alcaldía de Cali.
  2. Lista representativa del patrimonio cultural inmaterial. UNESCO.

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